El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty) convocó el jueves 29 de octubre a la encargada de negocios de la embajada argentina en Brasilia, Emilia Cortés, para solicitar información sobre una posible implicación del Gobierno de Javier Milei en la fuga del excandidato presidencial Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos, utilizando territorio argentino como ruta de salida.

La reunión se realizó en la sede de la cancillería brasileña y duró apenas unos minutos. Cortés fue recibida por el embajador João Marcelo Galvão de Queiroz, director del Departamento de América del Sur, según confirmaron fuentes diplomáticas a la agencia EFE. El encuentro se desarrolló en términos amables y, de acuerdo con las mismas fuentes, no tuvo el carácter de una reprimenda ni de una represalia formal.

La citación a la máxima autoridad diplomática argentina en Brasil constituye, en la práctica, un gesto de desagrado del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva con el episodio. Sin embargo, el Ejecutivo brasileño optó deliberadamente por mantener un perfil bajo: Cortés no fue recibida por la cúpula del ministerio y la conversación se enmarcó en los procedimientos habituales para pedir aclaraciones a un gobierno extranjero sobre hechos con implicancias diplomáticas.

Una fuente diplomática citada por Infobae resumió la estrategia brasileña: evitar convertir el caso en un “Fla-Flu”, en referencia a la clásica rivalidad futbolística que en Brasil se usa para describir un enfrentamiento directo. La instrucción del Palacio de Planalto fue no tensar innecesariamente las relaciones ni con Argentina ni con Estados Unidos, presidido por Donald Trump.

Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, abandonó Brasil el martes 27 de octubre, tres días después de perder el balotaje presidencial frente a Lula. Lo hizo a pesar de que el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes le había ordenado entregar sus pasaportes y le había prohibido salir del país, en el marco de una investigación por lavado de dinero y evasión de divisas.

Según los registros de la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina, Bolsonaro cruzó la Ponte Internacional Tancredo Neves, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú, acompañado por su esposa y sus dos hijas, a las 22:50 del martes. Unos cuarenta minutos después, la familia embarcó en un vuelo privado de la empresa Baires Fly con destino inicialmente declarado a Guayaquil, Ecuador, y que finalmente aterrizó en Miami en la mañana del miércoles. El avión, según reportes de la prensa brasileña, habría sido fretado por el Gobierno estadounidense.

La convocatoria del Itamaraty se produjo en medio de sospechas sobre el rol de figuras del Gobierno argentino en la operación. Según el diario La Nación, Santiago Caputo, principal asesor del presidente Milei, estuvo en Puerto Iguazú con el objetivo de facilitar la entrada de Bolsonaro al país. Reportes de la prensa argentina también señalaron que una escolta de la policía aeroportuaria argentina acompañó al senador hasta el momento de embarcar.

En una carta difundida el jueves, Flávio Bolsonaro agradeció públicamente a Milei por su “coraje, sentido de justicia y legalidad”, y el abogado mexicano Simón Levy, cercano a la familia Bolsonaro, afirmó en una entrevista que el mandatario argentino estuvo al tanto de las gestiones: “Gracias al presidente Milei, hoy Flávio Bolsonaro está vivo”.

El Gobierno argentino, por su parte, había negado inicialmente cualquier participación en la maniobra, aunque posteriormente admitió haber coordinado en secreto con la administración de Trump la salida del brasileño a través de territorio argentino.
Un episodio en medio de una crisis bilateral

La convocatoria a Cortés se produce en el marco de una relación bilateral ya deteriorada. La representación argentina en Brasilia está reducida al nivel de encargados de negocios desde agosto de 2026, cuando Brasil retiró a su embajador en Buenos Aires y rebajó el vínculo diplomático tras una serie de ataques públicos de Milei contra Lula y contra el juez Alexandre de Moraes durante la campaña electoral brasileña.

Cortés, ministra consejera, quedó al frente de la misión argentina tras la salida del embajador Daniel Raimondi y es la máxima autoridad diplomática de Argentina en Brasil. La reunión del jueves fue el primer contacto formal entre ambos gobiernos desde que se desató el escándalo por la fuga de Flávio Bolsonaro.

Hasta el momento, no trascendió cómo responderá el Gobierno argentino al pedido de explicaciones brasileño. La causa que investiga al senador en Brasil sigue su curso, mientras él permanece en Miami con su familia, fuera del alcance de la Justicia de su país.