La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial de Brasil desató este lunes un verdadero terremoto financiero en el país. Lejos de la euforia que había generado la primera vuelta cuando el mercado descontaba un triunfo de Flávio Bolsonaro, los inversores reaccionaron con pánico ante el regreso del líder del Partido de los Trabajadores (PT) al poder.
El impacto fue inmediato y brutal. El índice Bovespa, la principal referencia bursátil de Brasil, llegó a desplomarse un 17% en la apertura, obligando a la Bolsa de Valores de São Paulo a activar el mecanismo de "circuit breaker", que suspende las operaciones durante 30 minutos cuando el índice acumula una caída del 10%. Se trata de la primera vez que se activa esta herramienta desde marzo de 2020, durante el desplome global provocado por la pandemia de coronavirus. En la preapertura, los contratos de futuro del índice ya habían caído más del 20%.
La caída es histórica: para encontrar una sesión de magnitud comparable hay que remontarse a 1992, cuando el mercado brasileño quedó atrapado por la crisis política que terminó con la destitución del presidente Fernando Collor de Mello.
La divisa brasileña no estuvo exenta del vendaval. El real se depreció más de un 10% frente al dólar, en su mayor caída en más de tres décadas, con un tipo de cambio que llegó a superar los 5,60 reales por dólar durante las primeras operaciones. En los contratos de futuros negociados en Chicago, la moneda brasileña perdió más del 10%. Incluso en el mercado argentino se sintió el impacto: según la cotización del Banco Nación, el real cayó un 10,4% este lunes a 284 pesos por unidad, desde los 317 pesos del viernes 23.
El castigo fue particularmente severo para las empresas con mayor exposición al mercado brasileño. El fondo cotizado EWZ, que agrupa a las principales compañías de mediana y gran capitalización de Brasil y opera en Estados Unidos, llegó a derrumbarse un 26,74% antes de la apertura.
Entre las acciones más golpeadas, los bancos lideraron las pérdidas: Bradesco cayó hasta un 28%, Itaú retrocedió un 26% y Banco do Brasil registró recortes de entre el 21% y el 30%. Petrobras, la petrolera estatal, perdió entre un 15% y un 21%. En el sector tecnológico, Nubank se desplomó casi un 26% y Mercado Libre retrocedió un 13,27%. El índice de pequeñas empresas brasileñas cayó un 26%, la mayor baja de su historia.
El movimiento tiene una lógica clara. Durante las tres semanas posteriores a la primera vuelta, los grandes fondos de inversión habían apostado con fuerza a una victoria de Flávio Bolsonaro y a un cambio de orientación económica que incluyera un ajuste fiscal profundo. Esa expectativa había impulsado un fuerte repunte de los activos brasileños: el Ibovespa acumuló una ganancia de casi 7%, el real se apreció alrededor de 5% y el EWZ avanzó más de 11%. La victoria de Lula obligó a los operadores a desarmar abruptamente esas posiciones, generando una avalancha de ventas.
Como explicó el analista de Vontobel, Thierry Larose, "los activos brasileños también habían descontado un resultado favorable para los mercados, basándose en las expectativas de que un Gobierno de Bolsonaro llevaría a cabo rápidamente un profundo ajuste fiscal". Ahora, el escenario es el opuesto: la incertidumbre sobre la política económica y las dudas sobre la disciplina fiscal del próximo Gobierno de Lula han encendido todas las alarmas.
El repunte de la aversión al riesgo también golpeó a la deuda soberana. El rendimiento de los bonos brasileños denominados en dólares a 10 años escaló hasta el 6,478%, un incremento de unos 20 puntos básicos respecto al cierre del viernes. Los inversores exigen mayores rentabilidades para compensar el aumento de la percepción de riesgo. La volatilidad llevó incluso al Tesoro brasileño a cancelar las subastas de bonos previstas para los días 27 y 29 de octubre.
De cara a las próximas jornadas, los analistas de Barclays anticipan que "la victoria de Lula debería provocar movimientos desordenados en los mercados locales" y estiman que el real podría estabilizarse en torno a los 5,50 por dólar, aunque advierten que los inversores estarán atentos a las señales sobre la agenda política y a la postura fiscal del nuevo Gobierno. Por lo pronto, el mercado ya dio su veredicto: la victoria de Lula le costó a Brasil su peor jornada financiera en casi 30 años.